By AOH/Rasczak | junio 24, 2008 - 2:23 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Ellos son ahora dos. Aturdidos por el tremendo grito emocional de su compañero, se vuelven vulnerables. Me fundo en las sombras de mi alrededor, que se forman allá donde aquello que queda del cuerpo de Él parece momificarse por momentos. Surjo a sus espaldas, apenas un segundo para conseguir golpear a uno de ellos y poder fundir en las sombras parte de su torso. Su abdomen desaparece en una niebla oscura que se une a mi y mis hermanas sombras y Él cae al suelo dividido en dos y dispersando sus vísceras donde golpea. No ha muerto, no tan fácil, pero no será un estorbo durante un tiempo.

El tercero trata de huir del almacén. En medio de gritos de dolor lo maldice un torso eviscerado en el suelo de allí. Fuera de las sombras grito su nombre. Te alcanzaré, ya no eres nada. Aquí acaba mi historia y tú con ella. Solo eres menos que nada. Por un momento parece que regresa el valor a su cuerpo. Se vuelve y carga contra mí en un movimiento desesperado. Estando solo me resulta muy fácil esquivar sus ataques y devolvérselos. Pequeñas gotas de sangre saltan cada vez que le golpeo en la cara. Los espacio lo justo para que pueda recuperarse. Estoy jugando con Él y lo sabe. Puedo oler su miedo y su dolor. Casi puedo saborearlo. Y me gusta. Hace siglos que espero esto, incontables vidas se han perdido para que yo disponga de mi venganza y esta noche la tengo. No hay arrepentimiento. Disfruto con ello.

Me canso de jugar y lo agarro por el cuello. En sus ojos hay una mezcla de terror, odio y resignación. Sabe que su hora ha llegado. Me concentro en ver a través de Él, veo cosas que jamás querría haber visto. Me veo a mí, sobre los cadáveres de mi familia, bebiendo sus almas en medio de un gozo fúnebre y aberrante, recuperando sus vidas para tener fuerzas de cumplir mi destino. Me veo humillado, derrotado y casi destruido por Ellos hace más de mil años, tras la batalla que decidió el futuro de aquellos como nosotros y que nos separó de los mortales. Me veo en cada momento de mi vida mortal, vigilado por sus ojos esperando el momento de destruirme. ¿Por qué? ¿Qué destino habría de tener yo? ¿Qué sentido habría tenido ser su Némesis si no sabía de su existencia? ¿Por qué pensaban que yo habría de destruirlos un día? ¿Por qué no pudieron hacerlo ellos conmigo hace tanto tiempo? Las preguntas se agolpan en mi mente. Sin embargo ya está todo hecho, fuerzo mi voluntad hasta extraer su alma. No grita. Simplemente se esfuma.