By AOH/Rasczak | mayo 26, 2008 - 6:26 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

¿Quién somos? ¿Somos uno o muchos? ¿Qué buscamos? Mi cabeza es un remolino de pensamientos inconexos y múltiples consciencias. Encuentro difícil orientarme, o siquiera saber qué soy yo y qué son las almas de los desdichados que he destruido. Poco a poco, la marea de ideas extrañas se calma y comienzo a percibir otra vez donde me encuentro y lo que estoy haciendo.He venido a por mi justa venganza.

Por primera vez, una sensación de desolación me embarga. Ellos están aquí, justo tras de mí. Esperándome. Me giro. Ahí están, orgullosos y majestuosos como el primer día. Siento la sangre golpeándome las sienes, la ira va tomando el control de mi cuerpo. Me lanzo contra ellos con todas las fuerzas que mi cuerpo me permite, el aire silva en mis oídos durante un segundo y de repente me siento golpeado por un muro invisible. Me han frenado sin ni siquiera moverse. Un golpe seco me lanza muchos metros hacia atrás y me golpeo contra una pared, trozos de ladrillo caen a mi lado y sobre mí. Me encuentro paralizado de cintura para abajo y noto un dolor atroz; creo que me he roto la espalda. No importa.

Reza a tus dioses mientras aún vives, las palabras entran en mi cabeza como impulsadas desde fuera. No hay tales dioses, no hay ningún dios, grito con todas mis fuerzas.
Si he de morir, no moriré solo.

···

Gotas de sangre caen por mi frente y emborronan mis ojos, tengo el cuerpo cubierto de pequeñas heridas y golpes. Parece que llevemos siglos así, y solo han debido pasar minutos. Una y otra vez he intentado golpearles y cada vez han rechazado mi ataque sin necesidad de moverse.
Incluso tras mi última alimentación comienzo a notar el cansancio en mis miembros. Uno de ellos se adelanta unos pasos y se acerca a mí. Únete a nosotros, pondremos poner el mundo a nuestros pies, eres poderoso y sería una pena tener que devorarte. Me tiende la mano. La idea suena tentadora. Una idea fugaz cruza mi mente, casi un susurro al viento con voz de mujer. Alargo el brazo y Él acerca más su mano a la mía. Sonrío. Él me devuelve la sonrisa. Agarro su mano y la aferro como si fuera la misma salvación. Comienzo a disolverme en las tinieblas. Su sonrisa se convierte en la mismísima mueca del horror cuando su cuerpo comienza a fundirse con las sombras conmigo. Los otros dos no terminan de comprender qué está ocurriendo. La mitad de Él se encuentra unida a la sombra cuando suelto su mano en mi reino de oscuridad; el proceso se detiene de golpe. Ríos de sangre saltan de su cuerpo sólido al despegarse de las sombras que formaban el resto de él. Llamo a su alma hacia mí, mientras los otros dos están demasiado estupefactos para evitarlo. Sin embargo no la devoro. No con Él, no guardaré esta esencia en mí bajo ningún concepto, no convivirá la esencia de mi familia y la de otros con tal maldad encarnada. El aura tenuemente azul de su cuerpo se evapora en el aire, lejos de la vista de cualquiera que no esté condenado pero claramente visible para aquellos que son como Él. Como yo.

By AOH/Rasczak | mayo 12, 2008 - 8:14 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Sigo corriendo hacia el almacén mientras el cadáver marchito del que acabo de destruir recupera el tiempo perdido y se descompone.Entro en el almacén atravesando una de las ventanas de un salto que imagino ninguno de mis perseguidores puede igualar. Por alguna razón me fijo en el sutil reflejo de los cristales saltando en pedazos a mi alrededor; es sorprendente como la destrucción puede a veces provocar algo tan bello, montones de pequeños trozos de cristal reflejando las lejanas luces de la ciudad en minúsculos destellos de color.

Apenas toco el suelo del almacén me he fundido con las sombras. Estos esfuerzos me están haciendo sentir hambre. Pero esta noche no me va a faltar carroña que devorar.
Mis jóvenes iguales irrumpen en poco tiempo en el lugar. Gritan y aúllan como perros enloquecidos, están frenéticos. Puedo sentir la influencia de Ellos sobre los pobres diablos que voy a aniquilar. También Ellos están aquí. En algún lugar a mi alrededor.

•••

Ellos me hicieron lo que soy. Ellos me hicieron inmortal por el sufrimiento. Por la agonía vivo desde entonces. Todo lo que yo quería, todo lo que amaba se marchitaba y derrumbaba mientras yo seguía impasible al tiempo, alimentándome sin poder remediarlo de las vidas que yo hubiera querido proteger de horrores como yo. No existe posibilidad de perdón. No puede haber redención.

Para llegar hasta aquí he hecho después cosas aun peores, pactos no escritos para tener las fuerzas de hacer valer mi venganza. Pactos en los que la luz no es más que un arma que siempre ha contado a su favor.

Renacido de la madre oscuridad, mis hermanas son las sombras, la soledad mi esposa y la muerte mi amante. Y esta noche me encuentro arropado por toda mi familia adoptiva.

•••

Entre las sombras soy invisible para ellos. Ese es mi propio don, mi cara oculta incluso para los de mi clase. Mi propia condenación convertida en un arma que utilizo contra ellos. Los voy eliminando uno a uno, rápida pero dolorosamente. Mutilados, tullidos. Estamos muertos, pero no somos insensibles a nada, y yo estoy demasiado enfurecido como para darles la bendición de una muerte indolora.

El hambre comienza a adueñarse de mí. Es una sensación de vacío como no recuerdan ninguna de mis vidas. Salgo de las sombras y aspiro. No es aire lo que atraen mis pulmones, sino las almas de mis enemigos. Oigo entonces el rasgar de las cáscaras de sangre y carne, el lamento de las almas que intentan regresar a sus rediles antaño mortales. Luchan, pero mi hambre es demasiado grande. Incluso la sensación fría y dolorosa de devorar las almas de tantos malditos juntos, como si atravesara mi interior un millar de agujas al rojo. Mi mente se satura con los recuerdos de barbarie, muerte y consternación que han dominado la existencia de mis iguales, es como absorberme a mí mismo. Solo que no parece haber un fondo tan oscuro, y el tiempo acumulado es infinitamente menor.