By AOH/Rasczak | abril 28, 2008 - 1:00 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

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Las calles de la ciudad me son irritablemente conocidas. Mi maldición, las vidas que contemplo día a día y que me alimentan me maldicen con su conocimiento, no hay sorpresas nunca, todo se sabe, todas las variables ya se han tenido en cuenta en otras vidas.

Pero tiene sus ventajas. Se perfectamente qué hacer con los dos que me siguen desde hace rato. Son muy jóvenes incluso para ser inmortales, puedo oler su inseguridad, y su miedo. Entro en un callejón sin luces. Ellos entran tras de mí y sacan sus armas. Cuchillos y palos, patético.

Salto sobre ellos convertido en una sombra fugaz, mis dedos convertidos en garras se mueven tan rápido que con la escasa luz son incapaces de ver. Ni siquiera llegan a poder gritar.
El callejón se tiñe de rojo. Esto no habría matado a un anciano.

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Me voy. Lo que te queda por aprender lo sabrás a su debido tiempo, ya tienes todo lo que necesitas para subsistir. Claro que sobrevivirás, no tienes otra opción. Si no lo haces tú, tu propia necesidad tomará el control y devorarás el alma de cualquiera, no dejes que eso ocurra. No puedes ayudarme. No debes.

Le doy la espalda y cruzo la esquina sin dejarle decir nada. Cuando era mortal no me gustaban las despedidas. Al fin y al cabo algunas cosas nunca cambian, la vida sigue latente después de todo, mantenida por las de otros, con el precio del dolor de todas las vidas robadas; pero no estamos en realidad vivos, solo somos una réplica precisa, una sombra de cuando vivíamos realmente. ¿O no era aquello vida? Quiero pensar que sí, pero queda ya tan lejano.

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Siento que me siguen. Esta vez son muchos, tal vez una docena. Son tan débiles como todos los anteriores pero tal vez demasiados para un enfrentamiento directo. Podrían llegar a herirme. Lo mejor es salir del casco urbano, evitar interrupciones de los mortales, que pueden dar al traste con mis planes. Hay un almacén abandonado que suele tener visitas de drogadictos durante el día; pero sé que a esta hora no suele haber nadie. Mis vidas ajenas parecen gritarme el camino, si es que eso pudiera ser.

Apenas fuerzo la marcha para que me sigan, podría perderlos en unos segundos, pero así no podría acabar hoy con todo. Esta noche será la última, puedo sentirlo. Ellos están muy cerca, su hedor es casi insoportable.

Noto un golpe en la pierna y oigo un estallido lejano. Trastabillo y caigo al suelo. Una bala ha traspasado mi pierna destrozando carne y hueso, sinuosos zarcillos azules parecen tratar de escapar en dirección a mis perseguidores. Están hambrientos. Mi herida se cierra y las almas vuelven a quedar aprisionadas.

Uno de mis perseguidores salta sobre mí, pero no es rival. Aprisiono su cuello con una mano conforme cae y lo aprieto. Oigo crujir las vértebras y trata de gritar, pero para entonces ya he forzado a su alma a escapar. Hacia mí.

By AOH/Rasczak | abril 21, 2008 - 3:31 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Nosotros no podemos morir por causas que los mortales considerarían naturales, estamos por encima de eso. Difícilmente las heridas de las armas de los hombres supondrán un problema para ti, sanan solas con el tiempo, a veces muy rápido. Sin embargo, guárdate de tus iguales. Si el cuerpo se rompe, el alma puede escapar; en los mortales eso ocurre durante la muerte. Tu alma no escapará por sí sola, pero uno de nosotros podría robártela a través de heridas que mataran a un humano. Solo uno de nosotros, los mortales no pueden.

Me quedo aquí, mi refugio ya no es seguro y no puedo permitirme algo así ahora que estoy tan cerca de mi objetivo. No es asunto tuyo. Ella asiente, se que no está contenta con mi respuesta, pero no obtendrá otra cosa. Los sitios más oscuros de la casa son los dos dormitorios, pero no me dejará dormir en el de su hija. Me dice que dormiré en su habitación, ella ya verá que hace. Se lo agradezco y me dispongo a acercarme a la muerte durante unas cuantas horas hasta el próximo anochecer.
Su piel se está volviendo mucho más pálida, pronto comenzará a apergaminarse y necesitará de un alma para poder seguir como hasta ahora. Se lo digo. La idea le repulsa. Cambiará de idea en poco tiempo.

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Me despierto bañado en sudor. He soñado con mi vida, con mi propia vida. He visto mi propia tumba cavada por mí mismo junto a la de mi familia. Los he visto a Ellos riendo sobre la tierra removida, regodeándose en mi sufrimiento. He visto la sangre mezclarse con el barro y mi propia espada caer de mis manos muertas y frías por la extenuación. Me he vuelto a hacer el juramento de venganza que me ha mantenido vivo durante todo este tiempo.

Ella me mira desde el quicio de la puerta de la habitación, no se desde hace cuanto. Se acerca a la cama y se sienta en ella, junto a mí. Sus brazos rodean mi pecho y apoya su cabeza sobre mí. Solloza, pero no hay lágrimas. Puedo sentir lo que ella siente porque puedo recordarlo en decenas de otras vidas. Es imposible de saber cuánto dura el llanto hasta que se queda dormida, a veces los minutos y las horas no tienen sentido. Es una sensación extraña.

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No puedo exponerme a la luz del sol, no te preocupes, a ti no te pasará. A nadie le pasa. Hay cosas que he hecho en el pasado que me obligan a esquivar los días, cosas que tuve que hacer para asegurarme de cumplir mis objetivos. No es asunto tuyo, ocúpate de tus asuntos.

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Miles de vidas golpean contra mi sienes, como intentando escapar. Es un dolor insoportable. Siempre me pasa cuando Ellos están cerca. Tampoco es algo que se pueda comparar al sufrimiento interior de esas mismas almas, la congoja de siglos acumulada es capaz de convertir la mayor agonía física en poco más que una anécdota cruel. Eso no es un consuelo.
Cierro los ojos y me concentro en bloquear todas mis vidas ajenas. Una por una las separo, las concentro en un solo punto de mi mente y las encierro en alguno de los oscuros rincones de mi propia alma. Normalmente funciona y el dolor remite. Hoy no.

By AOH/Rasczak | abril 14, 2008 - 3:08 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Esta noche vengo a responder a tus preguntas. Tienes muchas, pero yo solo tengo las respuestas de unas pocas. Somos inmortales, la edad no tiene sentido en nuestra existencia, no envejecerás ni morirás como un mortal. Ya no lo eres. No sé por qué existimos, solo se que algunos hombres son incapaces de abandonar del todo el mundo cuando su hora llega, el alma no abandona el cuerpo, y lo anima incluso después de muerto. No, no somos vampiros, los vampiros no existen. Sin embargo nosotros tenemos un apetito igual de exquisito, las almas retornadas no pueden mantener el cuerpo por sí solas durante mucho tiempo, meses a lo sumo; entonces es cuando debemos devorar otras almas.

Consumimos su esencia, y hacemos nuestros sus recuerdos y emociones. Y sus pecados. Aliméntate de niños, son inocentes y sus almas igual de fuertes que las de sus mayores, pero sus pecados son menores; si consumes adultos o ancianos todo el dolor de su vida caerá como un yunque sobre tu cabeza. No es cruel, es necesario. Y no, no hay cura posible. Normalmente hace falta una situación extrema para que ocurra, y aun así no todas las almas son suficientemente fuertes para quedarse, muchos simplemente mueren. En estos casos el alma suele estar famélica en el primer momento, se necesita un sacrificio en el mismo momento. Sí, tu devoraste ya un alma.No especifico más, sus ojos me dicen que ya lo ha entendido. Se oculta el rostro con las manos.

Tendrá suficiente durante semanas, aunque no le resulte un consuelo.

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Aunque no he encontrado indicios físicos de otros como yo, mi refugio me parece menos seguro. Ya no estoy tan seguro de que dejar huir a aquella mujer fuera una buena idea, esta situación se está alargando demasiado. Además, por alguna razón me siento responsable de la mujer niña.

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El hambre me despierta.

Salgo del refugio y miro la luna. Una noche más, y esta tampoco va a ser la última. Ellos se ocultan de mí, puedo sentirlos aunque no puedo tocarlos. Ando rápidamente por calles mal iluminadas, en silencio, oculto de los ojos de los mortales. Finalmente encuentro mi víctima. No importa si es joven o anciana, hombre o mujer, sana o tullida.

Porque yo soy la muerte viviente, un trozo de oscuridad encarnada. Y mi guadaña no hace distinción. Ya no.

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Los débiles deben encontrar la manera de que el alma escape del cuerpo. Normalmente matan a su víctima. Los más fuertes pueden simplemente sacar el alma del cuerpo y atraerla hasta la suya. Ninguno de los dos métodos es agradable. No, las almas abandonan el cuerpo justo tras la muerte, no se pueden robar almas en un cementerio ni en una morgue; allí solo hay cascarones vacíos, montones de carne inútil.

By AOH/Rasczak | abril 7, 2008 - 12:39 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Cojo la mano por su dorso, pongo mi palma sobre la de ella y leo su pasado. Veo su vida a grandes rasgos, no es como beber su vida, solo paso las hojas rápidamente. Veo su vida, aparentemente feliz en principio, después un marido y un bebe. Veo también su rostro visto por otros ojos. Él marido desaparece y deja un vacío que ocupa el bebe. El bebe se hace mayor, una niña, veo un colegio, muchos niños; tengo visiones dobles de algunos de ellos, unas de los ojos de la hija y otras desde la madre. La felicidad vuelve a aparecer. Pasan meses. Es de noche y madre e hija caminan por la calle de la mano. Aparecen un hombre y una mujer amenazadores. Tengo miedo. La mujer me agarra por el brazo, lleva algo metálico en la mano. Mama ayúdame. Todo se vuelve negro. La mujer golpea a mi hija con algo en la cabeza y cae al suelo inconsciente. Grito con todas mis fuerzas, trato de zafarme pero el hombre es muy fuerte y me lo impide. La mujer se abalanza sobre mi hija pero sale despedida contra la pared. El hombre me suelta. Otro hombre lo agarra y lo golpea en el pecho. Es todo tan confuso. Mi hija está en el suelo sangrando por la cabeza. Un resplandor azulado sale también de la herida.Suelto su mano. Sus recuerdos están mezclados, como si hubiera dos mentes en lugar de solo una. Ella pudo ver el alma de su hija escapar, así que también pudo acogerla en su seno. Absorbió el alma de su propia hija sin saberlo. A veces ocurre. Es por eso que ha podido sobrevivir, probablemente sea también el por qué está tan tranquila después de lo que ocurrió, no se han separado, y ya nunca lo harán.

El esfuerzo me ha dejado exhausto, no necesitaré alimentarme pero tengo que descansar. Tengo que irme, lo siento. Sí, volveré a encontrarte. Pronto. Cuando salgo de allí se que si pudiera llorar lo haría, esta noche descubrirá que se nos ha negado ese derecho.

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El día comenzó hace ya largo rato. Mi refugio me protege de sus dañinos rayos, si me tocaran podrían destruirme, es por esto que solo puedo salir de él durante la noche. Un refugio en cada etapa de mi camino. Una etapa allá donde encuentro el hedor de Ellos.

Cierro mis párpados y abro el ojo de mi mente. Comienzo a buscar entre todas mis vidas aquellas que han tenido relación con Ellos. Debe haber algo, el último al que maté debía saber algo, pero hay demasiado dolor, demasiado sufrimiento. No puedo hacerlo, ya no, me siento eternamente anciano, siento la carga de miles de almas sobre mis hombros.

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Estoy otra vez frente a la casa de la mujer niña, dudo que ella tenga muy claro cual de las dos es, siempre pasa al principio. Podría pulsar el timbre para anunciar que estoy aquí, pero ella ya lo sabe. Está al otro lado de la puerta desde hace unos minutos, mirando. Aterrada. Sabe que soy el portador de las malas noticias, no es esperanza lo que puedo darle. De hecho, lo que yo puedo darle jamás lo querría.

Finalmente abre la puerta. Se parece a alguien que conocí una vez, hace mucho tiempo. Es parte de mis propios recuerdos. Me invita a pasar y entro sin decir nada. No hace falta. Entro al salón y me siento antes de que ella me lo diga. Lo ha pensado. No, esta noche no te pediré que me dejes tocarte, solo quería saber una cosa y ya la se.