By AOH/Rasczak | marzo 31, 2008 - 11:22 am - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Encuentro muchos conocidos, aunque no se si son míos, de mi igual que destruí ayer, o de aquel que maté para alimentarme en la puerta de su casa. A veces es difícil encontrar la diferencia, aunque dudo que ninguno de ellos me haya visto jamás a mí.Recuerdo este sitio, estas personas, pero es la primera vez que estoy aquí.

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Ha pasado la medianoche hace rato, a veces me sorprendo buscando caras entre la multitud, aunque se que no habrá nadie entre aquellos que busco, esa gente lleva muerta tanto tiempo que solo yo puedo recordarlos, y aún así a veces siento que mi propia vida se encuentra cada vez más oculta bajo todas aquellas que he extinguido y los rostros de mi propia existencia mortal resultan más difíciles de recordar cada vez.

Una cara entre todas llama mi atención. Una mujer, la mujer que hace semanas abandoné junto al cadáver de una niña y de uno de mis iguales. No parece muy cambiada, apenas un poco más pálida, sin embargo percibo el frío en su interior, los cambios son mucho mayores. Debe ser mucho más fuerte de lo que pensé, es difícil que las almas en fuga decidan regresar al cuerpo en solitario, no es la primera vez que ocurre, pero siempre me sorprende.

Está rodeada de mortales. Seguramente sus sentidos estén cambiando ya, verá a sus amigos y conocidos como poco más que formas difusas de colores cálidos; al principio pensará que está perdiendo visión, hasta que tenga que alimentarse y el ansia tome el control. Se volverá loca. Estoy tentado de comprobar hasta qué punto su alma es lo suficientemente fuerte.

Me acerco a ella, apartando a los mortales. La miro a los ojos y ella me mira. Me ha reconocido al instante. Ven, le digo, hay cosas que debes saber. Ella no dice nada, pero cuando le doy la espalda ya está disculpándose entre los mortales y me sigue apresuradamente. Los mortales quedan estupefactos tras nosotros.

Camino por las calles casi completamente vacías. Ella va a mi lado en silencio con aspecto pensativo. Instintivamente, mientras pienso qué hacer ahora con ella, me dirijo a través de la ciudad como por un camino preestablecido. Es mi casa, oigo a mi espalda. Estoy frente a una puerta, inmóvil, no se cuanto tiempo llevo inmerso en mis propios pensamientos. Tiene la voz agradable. Saca sus llaves y las mete en la cerradura. Hace unos días una escena parecida acabó de manera muy diferente.

Entra delante de mí en la casa. Me dice que pase y me sienta como en casa. Para sentirme como en casa debería devorar su alma, es casi una broma cruel. Respondo que no, apenas tengo tiempo antes de que amanezca. Siéntate y comencemos, dame tu mano un momento.

By AOH/Rasczak | marzo 24, 2008 - 12:15 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Hace tiempo habría intervenido, pero no es asunto mío.

Hay un cadáver en el suelo, es una niña. Sin embargo su alma cálida sigue en el cuerpo; podría consumirla. La tercera figura grita el nombre de una mujer, es una voz de mujer que debería ser una voz suave en otro momento, pero ahora suena rota y desgarrada. El nombre debe ser el de la niña. Los dos condenados parecen ser un hombre y una mujer, o al menos lo fueron hace poco, ahora son poco menos que perros de presa. La mujer mortal vuelve a gritar el nombre de la niña. El hombre la sujeta mientras su compañera se lanza sobre el cadáver, son hienas, riendo histéricamente mientras se abalanzan sobre la carroña. Si la inmortalidad es un don, no lo merecen.

La mujer mortal grita otra vez, está llorando, no entiende qué es lo que hace la otra lamiendo la herida de la niña, pero tampoco puede hacer nada para evitarlo. El alma de la mujer mortal también ha empezado a separarse de su cuerpo, ya no puede volver a ser lo que era, o morirá o se convertirá en una de nosotros.

He tomado una decisión, y no se por qué. Me lanzo contra aquella que está lamiendo la herida del cadáver, en otro tiempo me parecía horrendo, hoy es solo algo que seguramente necesite. Es débil. Los dos condenados lo son. Soy una sombra que corta el aire, la muerte acechante. La mujer condenada sale despedida contra una pared preguntándose, qué, cómo. El otro tampoco puede salir de la sorpresa para cuando le he arrancado a la mortal de las manos y le he atravesado el pecho con mi puño. Acaricio su corazón con la punta de mis dedos. Puedo leer el miedo en sus ojos. Agarro fuerte el corazón, puedo sentir el palpitar; su vida comienza a fundirse con mis propios recuerdos, ahora es una sensación fría, como estar desnudo frente a una ventisca. Mi corazón se acompasa con el suyo. Todas mis vidas entran golpeando con fuerza en su mente, que se resquebraja y se hunde bajo el peso de los pecados. Cuando la muerte lo alcanza, dejo caer su cuerpo en el suelo.

La mujer mortal abraza el cuerpo de la niña y llora.

La condenada ha desaparecido de donde la lancé, oigo sus pasos perderse en las callejuelas. Podría seguirla fácilmente y destruirla, pero si vive avisará a los demás que estoy aquí. Eso acelerará las cosas.

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Tres semanas han pasado desde que llegué y no he encontrado a ninguno más de los míos. Me mezclo con los humanos. No saben qué soy; no saben que soy aquello que aprendieron a temer cuando eran niños.

Uno de ellos se acerca y me pide fuego. Lo siento, no fumo. Por alguna razón le desconcierto. Si fuera normal podría pensar que es mi forma de hablar, o mi forma de moverme; pero no lo soy. Llevo demasiado tiempo sobre esta tierra como para esperar poder infiltrarme entre los mortales incluso sabiendo todo lo que ellos saben y todo lo que ellos hacen. He segado miles de vidas a lo largo de toda mi existencia, algunas almas eran puras, otras almas eran negras como el alquitrán, pero todas dejan una marca indeleble que pueden percibir inconscientemente.

By AOH/Rasczak | marzo 17, 2008 - 1:12 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

La noche está llegando a su fin cuando atravieso el paso entre las bajas montañas, veo ruinas de lo que una vez fueron y no hace mucho, minas. Una ola de brisa me acoge; puedo distinguir dos olores conocidos: la fragancia de la sal marina, debo estar cerca del mar, no más de diez kilómetros; y el hedor de Ellos. Son el motivo por el que he viajado hasta aquí, el motivo por el que he viajado a lo largo del tiempo, son mi razón de existir.

No me he fijado en el nombre de la ciudad al entrar, hace mucho que ya no me fijo en esas cosas, pero se que mi viaje llega a su fin. Aquí estoy y aquí moriré.

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Una noche más, una más entre tantos momentos de oscuridad que asolan mi vida. Como todas, despierto esperanzado en que sea la última.

El ansia comienza a dominar mis pensamientos y me dejo a mis instintos. Entro en la ciudad a toda velocidad sin apenas notar nada de las calles emborronadas que se desplazan a mí alrededor. Me cruzo con varios mortales, pero apenas son capaces de sentirme con un sutil soplo helado.

Es una calle oscura, silenciosa, mortal. Una figura solitaria camina sin hacer apenas ruido, se dirige hacia el portón de un edificio, saca las llaves y trata de meterlas en la cerradura. Para entonces ya estoy tras ella, le tapo la boca con una mano mientras con la otra atrapo su cuerpo y comienzo a apretar. Las llaves golpean en el suelo haciendo un sutil sonido metálico. Nuestras mentes se funden; su vida pasa por mis ojos, veo rostros desconocidos, alegres, melancólicos, todas las emociones de una existencia atrapados en un instante de agonía sin fin. Mi mente también pasa a la suya, siglos de horrores y dolor concentrados devastan la inocencia que solo los mortales pueden atesorar. Nuestros corazones comienzan a latir al mismo compás, su vida se extingue mientras la mía se vigoriza con su sacrificio. Es el éxtasis que siento, el momento de divinidad en que la vida y la muerte se armonizan, aquello que me mantiene vivo noche tras noche de mi viaje, el ansia se calma justo en el momento de la muerte. Y después nada, el vacío.

Antes sentía. Dejo el cuerpo suavemente en el suelo y le cierro los párpados mientras musito una antigua plegaria. Estoy seguro que no hay nadie para recibirla.

Mi piel ya no muestra el cadavérico apergaminado de hace solo unos minutos, es el momento en que puedo mezclarme con los mortales. La ciudad no parece muy grande, tanto mejor. Hay mucha agitación nocturna así que supongo que será fin de semana, aunque el hecho en sí me trae sin cuidado. Casi puedo oler la corrupción de algunos, los mortales han aprendido con el tiempo a ser casi tan necios y obscenos como nosotros, sin embargo su vida es tan corta que jamás podrían destruir completamente su inocencia. Es algo que envidio.

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El penetrante olor de la sangre me alcanza. Gimoteos. Risas grotescas.

Debo haber llegado a la peor zona de la ciudad, los mismos edificios exudan sufrimiento como si no pudieran albergar más. Me acerco al origen del olor. Puedo ver tres figuras, dos de ellas son frías, condenados como yo, pero mucho más jóvenes. La tercera figura es cálida, una mortal, pero se está enfriando rápidamente junto a los otros. Los dos la están destruyendo, la condenarán a una existencia larga, vacía y dolorosa; como las suyas, como la mía.

By AOH/Rasczak | marzo 14, 2008 - 9:20 am - Posted in General, Noticias

Hace bastante tiempo que TPF está más o menos muerto, pero todo hombre sabio conoce que no está muerto lo que yace eternamente y aun con el paso de los evos la muerte puede morir. Digamos que la versión «original» de TPF está en barbecho indefinido y desde bastante tiempo atrás estaba planteándome la posibilidad de crear otros blogs, de contenidos diferentes y que sencillamente no tenían cabida allí por ser un sitio reservado casi en exclusiva a los contenidos graciosos.

Dos ideas machacaban mi mente. Por un lado me apetecía resucitar el tipo de página que TPF empezó siendo, donde iría colgando las creaciones para mis juegos de rol y de estrategia favoritos; y así es como nació la idea de TPF:Génesis, un nombre tan peliculero como los contenidos. Pero por diferentes motivos no llegué a hacerlo.

La segunda idea era más libre, ya que no dependía de si jugaba o no rol (no suelo hacer mucho al respecto si no juego activamente), y sí de simplemente obligarme un poquito a escribir historias cortas y cuentos, que es algo que me encanta pero a lo que jamás le he sacado el menor provecho o funcionalidad. Ni siquiera es que sea una faceta mía muy conocida precisamente por lo anárquico del proceso. Aunque me he propuesto hacerlo más a menudo y de forma más ordenada, como parte de un retorno a… bueno, es igual.

De esa segunda idea ha nacido este nuevo blog, que he llamado TPF:OtroMundo, ya que seguramente la mayoría de las cosas que deje por aquí les parecerán otro mundo e incluso un autor completamente diferente a quienes me hayan leído anteriormente.

La idea que tengo es la de dejar con ritmo semanal un trozo de historia, habitualmente el equivalente al trocito que cabría en una página de un libro e ir poniendo los relatos por pedazos al estilo de las revistas de relatos que existían en los siglos XIX y XX, y donde dejaron sus cuentos algunos inmortales como Gastón Leroux o H. P. Lovecraft, aunque ellos publicaban historias o capítulos completos. Los tiempos cambian y yo de momento soy más vago y no le puedo dedicar tanto tiempo.

De momento, empezaré con un relato clásico mío (por los años que lleva escrito) y después seguiré por algo inédito.

Permaneced en sintonía.