By AOH/Rasczak | julio 7, 2008 - 3:24 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Destruir al tercero es ya un puro trámite. Sé que no encontraré respuesta a mis preguntas en Él porque tampoco las había en los demás. Pero estoy tan cansado. Siglos de persecución, eones de dolor contenido han pasado a la historia. Todos mis esfuerzos finalmente han dado fruto y mi venganza y destino se han consumado. Apenas tengo fuerzas para moverme, así que salgo arrastrando los pies hasta la fachada este del almacén. Ya no hay más por lo que vivir. Todo lo que soy capaz de recordar con firmeza es mi propia convicción de cumplir lo que esta noche ha ocurrido. Mi existencia carece de sentido ya, devorada por su propio motivo vital.Qué piensas hacer ahora que ha acabado. Las palabras suenan tranquilamente a mi espalda, con voz de mujer. Ella está allí, tal vez haya estado desde el principio sin que nos hayamos dado cuenta. Tenías razón, estoy aprendiendo muchas cosas por mí misma, ya soy capaz de ver como antes además de muchas otras formas. Le sonrío, ahora ya no tengo fuerzas ni para eso casi.

Me siento en el suelo y me apoyo contra la pared. Recuerdos de haber estado tumbado y agonizando en múltiples camas de hospital vienen a mi mente. He devorado a muchos en una situación así, cabizbajos, sin fuerzas, esperando el álito final.

Hace mucho que no veo un amanecer, le respondo. Ella asiente sin inmutarse.

···

Los primeros rayos de sol tiñen de rojo el cielo, creando un contraste excepcional con los zarcillos de un tenue color azul que surgen de mi piel maltrecha por el sol.

Siento un estremecimiento por todo mi cuerpo, algo que siendo inmortal es difícil imaginar. Siento miedo, pero a la vez, y por primera vez desde hace mucho tiempo, soy feliz.

By AOH/Rasczak | junio 24, 2008 - 2:23 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Ellos son ahora dos. Aturdidos por el tremendo grito emocional de su compañero, se vuelven vulnerables. Me fundo en las sombras de mi alrededor, que se forman allá donde aquello que queda del cuerpo de Él parece momificarse por momentos. Surjo a sus espaldas, apenas un segundo para conseguir golpear a uno de ellos y poder fundir en las sombras parte de su torso. Su abdomen desaparece en una niebla oscura que se une a mi y mis hermanas sombras y Él cae al suelo dividido en dos y dispersando sus vísceras donde golpea. No ha muerto, no tan fácil, pero no será un estorbo durante un tiempo.

El tercero trata de huir del almacén. En medio de gritos de dolor lo maldice un torso eviscerado en el suelo de allí. Fuera de las sombras grito su nombre. Te alcanzaré, ya no eres nada. Aquí acaba mi historia y tú con ella. Solo eres menos que nada. Por un momento parece que regresa el valor a su cuerpo. Se vuelve y carga contra mí en un movimiento desesperado. Estando solo me resulta muy fácil esquivar sus ataques y devolvérselos. Pequeñas gotas de sangre saltan cada vez que le golpeo en la cara. Los espacio lo justo para que pueda recuperarse. Estoy jugando con Él y lo sabe. Puedo oler su miedo y su dolor. Casi puedo saborearlo. Y me gusta. Hace siglos que espero esto, incontables vidas se han perdido para que yo disponga de mi venganza y esta noche la tengo. No hay arrepentimiento. Disfruto con ello.

Me canso de jugar y lo agarro por el cuello. En sus ojos hay una mezcla de terror, odio y resignación. Sabe que su hora ha llegado. Me concentro en ver a través de Él, veo cosas que jamás querría haber visto. Me veo a mí, sobre los cadáveres de mi familia, bebiendo sus almas en medio de un gozo fúnebre y aberrante, recuperando sus vidas para tener fuerzas de cumplir mi destino. Me veo humillado, derrotado y casi destruido por Ellos hace más de mil años, tras la batalla que decidió el futuro de aquellos como nosotros y que nos separó de los mortales. Me veo en cada momento de mi vida mortal, vigilado por sus ojos esperando el momento de destruirme. ¿Por qué? ¿Qué destino habría de tener yo? ¿Qué sentido habría tenido ser su Némesis si no sabía de su existencia? ¿Por qué pensaban que yo habría de destruirlos un día? ¿Por qué no pudieron hacerlo ellos conmigo hace tanto tiempo? Las preguntas se agolpan en mi mente. Sin embargo ya está todo hecho, fuerzo mi voluntad hasta extraer su alma. No grita. Simplemente se esfuma.

By AOH/Rasczak | mayo 26, 2008 - 6:26 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

¿Quién somos? ¿Somos uno o muchos? ¿Qué buscamos? Mi cabeza es un remolino de pensamientos inconexos y múltiples consciencias. Encuentro difícil orientarme, o siquiera saber qué soy yo y qué son las almas de los desdichados que he destruido. Poco a poco, la marea de ideas extrañas se calma y comienzo a percibir otra vez donde me encuentro y lo que estoy haciendo.He venido a por mi justa venganza.

Por primera vez, una sensación de desolación me embarga. Ellos están aquí, justo tras de mí. Esperándome. Me giro. Ahí están, orgullosos y majestuosos como el primer día. Siento la sangre golpeándome las sienes, la ira va tomando el control de mi cuerpo. Me lanzo contra ellos con todas las fuerzas que mi cuerpo me permite, el aire silva en mis oídos durante un segundo y de repente me siento golpeado por un muro invisible. Me han frenado sin ni siquiera moverse. Un golpe seco me lanza muchos metros hacia atrás y me golpeo contra una pared, trozos de ladrillo caen a mi lado y sobre mí. Me encuentro paralizado de cintura para abajo y noto un dolor atroz; creo que me he roto la espalda. No importa.

Reza a tus dioses mientras aún vives, las palabras entran en mi cabeza como impulsadas desde fuera. No hay tales dioses, no hay ningún dios, grito con todas mis fuerzas.
Si he de morir, no moriré solo.

···

Gotas de sangre caen por mi frente y emborronan mis ojos, tengo el cuerpo cubierto de pequeñas heridas y golpes. Parece que llevemos siglos así, y solo han debido pasar minutos. Una y otra vez he intentado golpearles y cada vez han rechazado mi ataque sin necesidad de moverse.
Incluso tras mi última alimentación comienzo a notar el cansancio en mis miembros. Uno de ellos se adelanta unos pasos y se acerca a mí. Únete a nosotros, pondremos poner el mundo a nuestros pies, eres poderoso y sería una pena tener que devorarte. Me tiende la mano. La idea suena tentadora. Una idea fugaz cruza mi mente, casi un susurro al viento con voz de mujer. Alargo el brazo y Él acerca más su mano a la mía. Sonrío. Él me devuelve la sonrisa. Agarro su mano y la aferro como si fuera la misma salvación. Comienzo a disolverme en las tinieblas. Su sonrisa se convierte en la mismísima mueca del horror cuando su cuerpo comienza a fundirse con las sombras conmigo. Los otros dos no terminan de comprender qué está ocurriendo. La mitad de Él se encuentra unida a la sombra cuando suelto su mano en mi reino de oscuridad; el proceso se detiene de golpe. Ríos de sangre saltan de su cuerpo sólido al despegarse de las sombras que formaban el resto de él. Llamo a su alma hacia mí, mientras los otros dos están demasiado estupefactos para evitarlo. Sin embargo no la devoro. No con Él, no guardaré esta esencia en mí bajo ningún concepto, no convivirá la esencia de mi familia y la de otros con tal maldad encarnada. El aura tenuemente azul de su cuerpo se evapora en el aire, lejos de la vista de cualquiera que no esté condenado pero claramente visible para aquellos que son como Él. Como yo.

By AOH/Rasczak | mayo 12, 2008 - 8:14 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

Sigo corriendo hacia el almacén mientras el cadáver marchito del que acabo de destruir recupera el tiempo perdido y se descompone.Entro en el almacén atravesando una de las ventanas de un salto que imagino ninguno de mis perseguidores puede igualar. Por alguna razón me fijo en el sutil reflejo de los cristales saltando en pedazos a mi alrededor; es sorprendente como la destrucción puede a veces provocar algo tan bello, montones de pequeños trozos de cristal reflejando las lejanas luces de la ciudad en minúsculos destellos de color.

Apenas toco el suelo del almacén me he fundido con las sombras. Estos esfuerzos me están haciendo sentir hambre. Pero esta noche no me va a faltar carroña que devorar.
Mis jóvenes iguales irrumpen en poco tiempo en el lugar. Gritan y aúllan como perros enloquecidos, están frenéticos. Puedo sentir la influencia de Ellos sobre los pobres diablos que voy a aniquilar. También Ellos están aquí. En algún lugar a mi alrededor.

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Ellos me hicieron lo que soy. Ellos me hicieron inmortal por el sufrimiento. Por la agonía vivo desde entonces. Todo lo que yo quería, todo lo que amaba se marchitaba y derrumbaba mientras yo seguía impasible al tiempo, alimentándome sin poder remediarlo de las vidas que yo hubiera querido proteger de horrores como yo. No existe posibilidad de perdón. No puede haber redención.

Para llegar hasta aquí he hecho después cosas aun peores, pactos no escritos para tener las fuerzas de hacer valer mi venganza. Pactos en los que la luz no es más que un arma que siempre ha contado a su favor.

Renacido de la madre oscuridad, mis hermanas son las sombras, la soledad mi esposa y la muerte mi amante. Y esta noche me encuentro arropado por toda mi familia adoptiva.

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Entre las sombras soy invisible para ellos. Ese es mi propio don, mi cara oculta incluso para los de mi clase. Mi propia condenación convertida en un arma que utilizo contra ellos. Los voy eliminando uno a uno, rápida pero dolorosamente. Mutilados, tullidos. Estamos muertos, pero no somos insensibles a nada, y yo estoy demasiado enfurecido como para darles la bendición de una muerte indolora.

El hambre comienza a adueñarse de mí. Es una sensación de vacío como no recuerdan ninguna de mis vidas. Salgo de las sombras y aspiro. No es aire lo que atraen mis pulmones, sino las almas de mis enemigos. Oigo entonces el rasgar de las cáscaras de sangre y carne, el lamento de las almas que intentan regresar a sus rediles antaño mortales. Luchan, pero mi hambre es demasiado grande. Incluso la sensación fría y dolorosa de devorar las almas de tantos malditos juntos, como si atravesara mi interior un millar de agujas al rojo. Mi mente se satura con los recuerdos de barbarie, muerte y consternación que han dominado la existencia de mis iguales, es como absorberme a mí mismo. Solo que no parece haber un fondo tan oscuro, y el tiempo acumulado es infinitamente menor.

By AOH/Rasczak | abril 28, 2008 - 1:00 pm - Posted in Cenizas a las cenizas, General, Relatos

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Las calles de la ciudad me son irritablemente conocidas. Mi maldición, las vidas que contemplo día a día y que me alimentan me maldicen con su conocimiento, no hay sorpresas nunca, todo se sabe, todas las variables ya se han tenido en cuenta en otras vidas.

Pero tiene sus ventajas. Se perfectamente qué hacer con los dos que me siguen desde hace rato. Son muy jóvenes incluso para ser inmortales, puedo oler su inseguridad, y su miedo. Entro en un callejón sin luces. Ellos entran tras de mí y sacan sus armas. Cuchillos y palos, patético.

Salto sobre ellos convertido en una sombra fugaz, mis dedos convertidos en garras se mueven tan rápido que con la escasa luz son incapaces de ver. Ni siquiera llegan a poder gritar.
El callejón se tiñe de rojo. Esto no habría matado a un anciano.

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Me voy. Lo que te queda por aprender lo sabrás a su debido tiempo, ya tienes todo lo que necesitas para subsistir. Claro que sobrevivirás, no tienes otra opción. Si no lo haces tú, tu propia necesidad tomará el control y devorarás el alma de cualquiera, no dejes que eso ocurra. No puedes ayudarme. No debes.

Le doy la espalda y cruzo la esquina sin dejarle decir nada. Cuando era mortal no me gustaban las despedidas. Al fin y al cabo algunas cosas nunca cambian, la vida sigue latente después de todo, mantenida por las de otros, con el precio del dolor de todas las vidas robadas; pero no estamos en realidad vivos, solo somos una réplica precisa, una sombra de cuando vivíamos realmente. ¿O no era aquello vida? Quiero pensar que sí, pero queda ya tan lejano.

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Siento que me siguen. Esta vez son muchos, tal vez una docena. Son tan débiles como todos los anteriores pero tal vez demasiados para un enfrentamiento directo. Podrían llegar a herirme. Lo mejor es salir del casco urbano, evitar interrupciones de los mortales, que pueden dar al traste con mis planes. Hay un almacén abandonado que suele tener visitas de drogadictos durante el día; pero sé que a esta hora no suele haber nadie. Mis vidas ajenas parecen gritarme el camino, si es que eso pudiera ser.

Apenas fuerzo la marcha para que me sigan, podría perderlos en unos segundos, pero así no podría acabar hoy con todo. Esta noche será la última, puedo sentirlo. Ellos están muy cerca, su hedor es casi insoportable.

Noto un golpe en la pierna y oigo un estallido lejano. Trastabillo y caigo al suelo. Una bala ha traspasado mi pierna destrozando carne y hueso, sinuosos zarcillos azules parecen tratar de escapar en dirección a mis perseguidores. Están hambrientos. Mi herida se cierra y las almas vuelven a quedar aprisionadas.

Uno de mis perseguidores salta sobre mí, pero no es rival. Aprisiono su cuello con una mano conforme cae y lo aprieto. Oigo crujir las vértebras y trata de gritar, pero para entonces ya he forzado a su alma a escapar. Hacia mí.